XL Festival de teatro y danza Castillo de Niebla
Crítica de 'Los Hermanos': Terencio a grito pelado
Una comedia floja en general, pero sobre todo chabacana y más basta que un condón de esparto (Carabante dixit)
El Festival de Niebla se clausura el sábado con las entradas agotadas para 'Los hermanos', con Pepón Nieto

En el último festival iliplense tuvimos a Pepón Nieto encabezando el cartel de 'La comedia de los errores', una interpretación que Shakespeare hizo de 'Los hermanos' de Publio Terencio Africano, tal como hicieran Molière o en su tiempo el mismísimo Cicerón. En aquel enredo del par de mellizos, la comedia funcionó bastante bien. En esta ocasión el enredo ha funcionado muy bien como negocio, teniendo en cuanto la aceptación de los espectadores a los que se dirige la comedia y que conforman un considerable segmento de población, luego como seguro que a los productores les debe haber salido espectacular.
El regreso de Pepón Nieto, con su nombradía en el teatro y con más tirón que el celebrado director malagueño de recordado film 'Carlos contra el mundo', Chiqui Carabante, no ha sido como lo esperábamos. Una comedia floja en general, pero sobre todo chabacana y más basta que un condón de esparto (Carabante dixit). En modo alguno vamos a negar que el propio Terencio puso en tono de comedia esa diatriba que nos acompaña desde la Antigüedad Clásica, el dilucidar si a los hijos hay que educarlos de tal o cual manera, una discusión que hoy está más presente en los claustros de profesores que en las familias, más preocupadas estas últimas, y generalmente tan solo, por los continuos noviazgos y rupturas de los famosos que les cuentan en las tediosas mañanas y tardes de mesa camilla y televisión.
Toda esta dicotomía de si al niño hay que mimarlo para que se aprenda el sistema periódico o explicarle el teorema de Pitágoras a guantazo limpio, es la que planteaba el comediante cartaginés. Era en unos tiempos en que la educación, como venimos diciendo, se practicaba en casa, en familia, no como hoy, que se educa en los centros llamados de educación, donde la formación ha quedado relegada, desde hace ya muchísimos decretos ley, a un segundo o tercer plano.
Terencio dejó el asunto en un final muy similar a éste por el que ha optado Carabante, más cercano al buenismo políticamente correcto que a los intereses de una comunidad que invierte en educación obviamente para formar a sus futuros cuadros, o como se dice vulgarmente, a quienes nos tienen que pagar la pensión. En este aspecto sí que Carabante acierta, pero ni mucho menos en la creación de unos personajes que Terencio hace creíbles mientras en esta versión vienen a ser menos serios que el aparato reproductor de una cabra, por citar a una rumiante que aparece citada en la versión carabantina asomada a una ventana o en la oración simple utilizada para definir el estado mental de un personaje, en este caso el interpretado por Eva Isanta, que hace lo que puede, como todos en realidad, para llevar adelante con suma profesionalidad esta comedia bufa.
Chiqui Carabante se ha pasado de frenada en su visión de la pieza de Terencio. Le ha servido a buen seguro, y lo que vimos en las gradas de Niebla lo atestiguan, para ganar el aplauso y el favor del gran público. De ahí la construcción de unos personajes de una comicidad excesiva y a veces ridícula, buscando la carcajada fácil a grito pelado, o realizando exclamaciones groseras, diciendo palabrotas y hasta cagándose en todos los dioses, en los dioses antiguos, claro está y no la vayamos joder. Todo esto en franca oposición a los personajes harto creíbles de Terencio.
La finalidad es casi la misma, y el desenlace muy similar al que hoy vemos en los centros educativos, ese mimar y ser permisivos, flexibles y dóciles con unos niños pegados a un móvil que son de mírame y no me toques, mira que me desplomo en la depresión y la molicie, tal como Esquino y Ctesifonte que llegan a liarse la soga al cuello. Al final, la mamá estricta demuda en una mamá molona y enrollá, que aquí no hay papás, como en las reuniones con los maestros o los profesores en el colegio o en el instituto, donde lo normal es que vaya la mamá, y no el papá, más preocupado por asuntos ciertamente trascendentes, como la posibilidad de que el enorme y gélido satélite 31/ATLAS pudiera acercarse a Marte, dado que sus veinte kilómetros de diámetro se encuentran a tan sólo 670 millones de kilómetros del Sol, poco más allá de la órbita de Júpiter, planeta que lleva el nombre de uno de esos dioses en los que Pepón Nieto no paró de cagarse, hasta el punto de que visto lo visto seguro que anoche cenaría un poquito de arroz blanco y media manzana. Nada más.