Una vieja esponja que se usaba en muchos hogares de Huelva, se vuelve a poner de moda
Después de décadas prácticamente desaparecida, la esponja natural, procedente del fruto de la Luffa operculata, vuelve a muchos hogares
Sobre todo a aquellos donde reina, además de la paz y la concordia, una especial sensibilidad hacia el medio ambiente y su necesaria protección
Huelva
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Iniciar sesiónAntes de que las fibras sintéticas inundaran las baldas de tiendas y supermercados, nuestras mamás nos escamondaban con una esponja, en el caso de que todo fuera bien, porque siempre podía ir regular y escuchar esa frase que seguro guardáis en la memoria, la que nos recibía en casa cuándo veníamos de jugar y revolcarnos por los cabezos o, todavía peor, por las marismas. La frase sonaba algo así como ven pacá que te voy a escamondar con estropajo de aluminio. Nunca llegaba el agua al río y todo quedaba en un fregoteo con aquellas esponjas que seguro tenéis en la memoria, si no ya en vuestros baños, entre otras cosas porque desde que he conseguido unas cuantas, y entre ellas algunas secas ya listas para quitarles la cáscara y usarlas, a todo aquel que le he referido lo de las esponjas naturales me han contestado del mismo modo: ¡lufas! Todo el mundo las recuerda, y es que en Huelva, sobre todo en la zona de huertos de la parte alta de la ciudad, ya desaparecida, abducida por el rápido y muchas veces cruel proceso urbanizador del centro (geográfico) de la ciudad, aún sobreviven algunas casas con espacio ajardinado donde la lufa ocupa un lugar central, tanto por ser una planta que embellece cualquier jardín como por la utilidad de su fruto. Ya os digo, las lufas, las esponjas de toda la vida que hoy vuelven a la vida cotidiana cada vez de más onubenses.
Los fatídicos microplásticos
Bastará con buscar en estos internetes nuestros de cada día, y enseguida aparecerán miles de páginas dando información sobre el árbol y su preciado fruto, pero también sobre precios de estas esponjas naturales que pugnan por evitar el uso, o abuso más bien, de los plásticos en nuestra vida cotidiana, esas fibras sintéticas que sin pensar lanzamos al cubo de la basura y acaban en el mar. Son los fatídicos microplásticos que acaban en el estómago de los peces y, de paso, en los humanos, en los Homo sapiens que somos por mucho que en lo de Homo estemos todos de acuerdo y en lo de sapiens ya no todos.
Los microplásticos son unas partículas con un diámetro inferior a los 5 mm, están compuestos de polímeros y aditivos, los que les dan color, por ejemplo, y que pueden ser tóxicos. A veces los tienes ahí, en el plato, listos para ser consumidos. Están conformados o proceden de la degradación de esa bolsa de plástico con las que cargas la compra diaria, o por la botella de refresco o la del tubo de la crema de afeitar, aunque también pueden proceder de restos de geles de baño o de ropa, todo convenientemente degradado e inundando los mares, pero también los tenemos en la mismísima agua para beber, la del grifo o la embotellada, en la miel, en la sal y por todos lados.
La solución a este grave problema está, como siempre, en el origen. Bastaría la prohibición, que ya algo se está haciendo, cierto es, en lo relativo a la fabricación de plásticos no degradables, o en el fomento del consumo responsable. A nosotros nos viene a parecer que es en el origen, en el nido, donde se puede encontrar la solución. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, por lo que no fabricar plásticos agresivos con el medio ambiente, sería la solución ideal. Pero volvamos a la lufa, a estas esponjas naturales que podéis cultivar en el jardín, o comprar ya en cualquier tienda o en la sección de cuidado personal de cualquier superficie comercial.
Las lufas, el interior del fruto, son las esponjas naturales que nos da una cucurbitácea familia próxima de especies más conocidas, como el pepino o el calabacín. Se trata de un arbusto trepador que también es ornamental, la Luffa operculata ha sobrevivido en algunos jardines de la Huelva más antigua, donde producen una importante cantidad de fruto, tantos como para que no nos falten las esponjas en todo el año y tengamos además para regalar. Lo ideal es que maduren en el propio árbol, o en caso contrario dejarlas secar al sol. Cuando la corteza que cubre todo el fruto, verde en principio, pasa a tener tonalidades marrones o sepias, oscuras y coriáceas al secarse. Esta corteza ya seca es fácil de desprenderla del curioso interior, donde una enorme cantidad de semillas pueden salir del fruto. Cuando una lufa está seca, puede ser utilizada como maraca por la gran cantidad de semillas que contienen en su interior.
En el caso de que queramos plantar una lufa en nuestro jardín, o en un macetero de buen porte, y expuesto al sol y bien regado, podremos guardar estas semillas en el frigorífico, envueltas en papel, para esperar a finales de febrero o marzo para plantarlas, recomendándose que se lime un poco la punta de la semilla, una pipa como las de todas las calabazas, para facilitar su enraizamiento. En poco tiempo veréis como este hermoso arbusto prospera y va tomando forma, para lo cual será necesario que tengan un tutor al que poder agarrarse, de manera que, si la plantamos en primavera, después del verano, en otoño, ya podemos obtener sus primeros frutos, y a partir de ahí vamos a tener esponjas para dar y regalar, como os decía anteriormente. De cada lufa pueden salir dos o tres esponjas normalmente. Esponjas naturales y biodegradables que una vez extraídas conviene dejar secar durante unas semanas, para a continuación lavarlas en agua tibia y dejarlas en perfecto estado para ser usadas como esponja en el baño, como estropajo en la cocina o como discos exfoliantes de la piel. En el caso de que no queráis o no podáis cultivar vuestras propias lufas, no hay problema, ya os estamos comentando que se pueden encontrar con facilidad en el mercado y sus precios son muy asequibles, entre dos o tres euros las esponjas ya preparadas para su uso, o los estropajos y los discos exfoliantes. Y un último apunte, España cuenta con una producción importante de lufas, hay empresas comprometidas con el residuo cero y la producción responsable, que tienen en el mercado estas magníficas esponjas naturales. Así que ya sabes, déjate de plásticos y petróleos y vuelve a lo natural, a esas esponjas con las que de pequeños nos dejaban bien limpitos y escamondaos por mucho que hubiéramos trotado por esos cabezos y esas marismas huelvanas.
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