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La desinformación climática

Los periodistas debemos tomárnoslo como un llamamiento urgente para que dejemos de ser tibios y asumamos con firmeza nuestro papel de catalizadores del cambio y de muro contra los bulos

El fotoperiodismo como anclaje ético y de credibilidad

¿Imágenes que conciencian o que anestesian?

Ya no valen las palabras

imágenes del Rancho Pichilín, en la playa de Matalascañas H24
Óscar Toro

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La Declaración de Belém (Brasil), firmada por diez países en la reciente COP30 (celebrada los días del 10 al 21 de noviembre 2025), marca el hito indiscutible de reconocer que la desinformación climática es una amenaza directa a la acción global. Una desinformación, sin base científica, que genera, sin dudas, muertes y destrucción.

En este escenario de bulos alimentado por los organizados negacionistas, los medios de comunicación están en la primera línea de la infodemia climática. No podemos mirar hacia otro lado frente a los que buscan deliberadamente sembrar dudas sobre el consenso científico y así paralizar cualquier acción social, política, económica en pro de la sostenibilidad.

El divulgador y comunicador científico y fundador de Hope, Javier Peña (Madrid, 1987), sostiene que «la desinformación mina la posibilidad de acción colectiva: si la gente duda del cambio climático, o piensa que las soluciones son exageradas, puede frenar la adopción de medidas necesarias». Y esto es precisamente lo que buscan los negacionistas: paralizar la acción sembrando dudas sobre el consenso científico ( a pesar que hay un posicionamiento mayoritario sobre la causa humana del cambio climático), minando la confianza en la ciencia y de rebote en las instituciones y en los medios que dan recorrido y visibilidad a esta realidad.

Para mí algunas preguntas que serían interesantes responder son: ¿si debemos seguir dando el mismo espacio informativo a los negacionistas que al 97% de la comunidad científica que afirma la existencia del cambio climático? Y, por otro lado, ¿cómo somos capaces de generar una nueva narrativa que ayude a una mejor comprensión de lo que está ocurriendo para no paralizar la acción? A la primera diría que no, porque la igualdad informativa en este espacio avala discursos sin base científica que están generando una pérdida de credibilidad y un desequilibrio ético que distorsiona la realidad y paraliza la necesaria acción colectiva frente a los efectos, insisto, mortales del cambio climático. Pienso que para combatir los bulos, los periodistas y sus medios deben ser impecables en el uso de la ciencia como principal fuente informativa. El periodista uruguayo, experto en desinformación climática, Maximiliano Manzoni (miembro de la Red de Periodismo Climático de Oxford y Bertha Fellow 2025), subraya la necesidad de «entender la diferencia entre los términos científicos (como diferenciar el calentamiento global del cambio climático) y de aplicar una perspectiva climática a las coberturas del día a día. El clima debe ser un lente a través del cual se miran todas las noticias».

A la segunda pregunta encuentro una respuesta en una antigua entrevista en el suplemento XLSemanal al veterano periodista ambiental, Joaquín Araujo (Madrid, 1947), donde abogaba por la necesidad de «otra forma de comunicación que no sea solo alarmista, sensacionalista o resignada, sino auténtica, honesta y basada en la contemplación de la naturaleza — rescatar el lazo con la tierra, los bosques, la vida — para que la gente vea con sus propios ojos lo que se está perdiendo».

Suelo contar, cuando trabajo en estrategias de comunicación con propósito, que de niño jugaba con la pandilla en la playa junto al rancho de pescadores del Pichilín en la localidad costera de Matalascañas (Huelva). Esta familia pescaba en las costas de Doñana y luego vendían sus capturas en un chiringuito que había construido junto a sus casas en lo alto de la duna. Posteriormente he seguido yendo a bañarme a esa zona y a disfrutar de las vistas en el atardecer mientras esperaba que nos sirvieran un choco frito. Hoy esta familia ya no está. Ya no salen a pescar. Ni atienden en este establecimiento familiar. Los rastros de sus vidas han caído a la playa o se muestran a la intemperie esperando que el próximo temporal los borre definitivamente. La duna en la que vivían siempre sufrió las consecuencias del temporal. Cada 10, 15 años modificaban la bajada a la playa o retranqueaban algunos centímetros algunos de sus espacios. Sin embargo, en los últimos años, los temporales han sido constantes y mucho más virulentos. Hasta el punto que Rancho Pichilín es simplemente un recuerdo.

Suelo contar esta historia para dejar de recurrir a la imagen del deshielo de los polos a la hora de hablar del cambio climático, con la finalidad de entender que sus consecuencias (también la del deshielo) nos afecta de manera directa. Incidiendo en nuestro patrimonio natural, en nuestros sustentos y también, no lo duden, en el patrimonio emocional e identitario.

Y es verdad, no sé a quien se lo oí, que si sólo contamos las catástrofes asociadas al cambio climático, generaremos parálisis, y toca en este tiempo promover narrativas de esperanza. Tenemos que hablar y evidenciar aquellas propuestas que ofrecen cambios reales, para así empoderarnos como una ciudadanía no dispuesta a dar recorrido a la desinformación que paraliza. El documental 'Hope' de Javier Peña es un viaje por 17 países de 4 continentes para mostrar iniciativas que hablan de sostenibilidad con propuestas regenerativas que son ejemplos de reconciliación con el planeta.

Y sí, volviendo al principio del artículo, el acuerdo de la COP30 sobre desinformación me parece oportuno y necesario. Los medios de comunicación y los periodistas debemos tomárnoslo como un llamamiento urgente para que dejemos de ser tibios y asumamos con firmeza nuestro papel de catalizadores del cambio y de muro contra los bulos que inundan las redes sociales y los debates políticos y públicos. Yo aprendí que el periodismo cumple una función social y que la mentira, la falta de credibilidad, la desinformación es justo lo contrario.

Así que, en esta ocasión, anímense a pasear por sus entornos naturales de proximidad, aquellos que les conectan con sus personas, con sus historias. Y disfrútelo pensando que también debe ser del disfrute de la próxima generación.

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  • INvisible, periodismo visible que transforma el mundo quiere ayudarnos a entender el momento actual a través de iniciativas y propuestas periodísticas que recuperan la esencia de esta profesión de contar historias para transformar realidades

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